Principales causas, factores de riesgo y métodos de prevención.
El cáncer de mama es una enfermedad multifactorial, no hay única causa que la provoque. Es el producto de diferentes factores de riesgo y de estilos de vida, así como también de una carga genética que predispone a la mujer a enfermar o no.
Sus factores de riesgo son:
Antecedentes familiares de esta enfermedad.
Ser mayor de 50 años.
Llevar un estilo de vida sedentario.
Alto consumo de grasas.
Sobrepeso.
Exceso en el consumo de alcohol.
La buena noticia es que sobre muchos de estos factores se puede actuar para disminuir el riesgo.
Se ha detectado que la adherencia a pautas de estilo de vida saludable puede cambiar mucho el espectro de enfermedades no sólo oncológicas sino también cardiovasculares. El ejercicio físico aeróbico, por ejemplo, puede operar en la reducción de riesgo del cáncer de mama, especialmente en la postmenopausia.
Menos del 5% de todos los cánceres de mama están relacionados con factores genéticos que son muy determinantes. Los dos genes mejor caracterizados son los llamados BRCA1 y BRCA2, cuyas mutaciones confieren un riesgo aumentado de tener cáncer de mama en edades especialmente jóvenes.
Cuándo realizarse una mamografía.
Todas las mujeres deben realizarse una mamografía cada dos años entre los 50 y los 70 años.
La incidencia del cáncer de mama aumenta a partir de los 45-50 años, y la mortalidad por este tipo de cáncer aumenta unos años después de esa edad. La evidencia científica muestra que el grupo en el que la mamografía brinda más réditos es el de mujeres de 50 a 70 años. Estudios hechos cada dos años parecieran ser tan efectivos como los realizados con más frecuencia, además de tener menos tasas de sobrediagnóstico y efectos adversos. Esto no quiere decir que mujeres fuera de ese rango etario no deban hacerse mamografías.
Es muy importante tener en cuenta que tanto en las mujeres de entre 40 y 50 años como en las mayores de 70 la decisión de hacer o no una mamografía debe ser personalizada. La mujer debe hablarlo con su ginecólogo/a o con su médico/a de cabecera, y valorar los pros y los contras de hacer el estudio mamográfico.
Cualquier intervención médica trae aparejados costos y beneficios. El beneficio potencial de la mamografía es el poder diagnosticar tempranamente una enfermedad y ofrecer por lo tanto mejores oportunidades de cura.
Por otro parte, los costos de la mamografía no sólo son económicos, ya que existe la posibilidad de que la mamografía señale indicios tumorales que en realidad no existen, que es lo que habitualmente se llaman resultados “falsos positivos”. Esos “falsos positivos” pueden generar que los médicos tengan que hacer biopsias o procedimientos cruentos para confirmar o no la presencia de un cáncer. Pero además, también hay “falsos negativos”, que son situaciones en las que en realidad hay un tumor pero en la mamografía no se visualiza.
Se puede diagnosticar de más o de menos, ése es el riesgo que se corre con la mamografía, como sucede con cualquier otro método diagnóstico. Y en las mujeres menores de 50 años esos costos son más altos.
Avances científicos en la última década.
Se sabe que el cáncer de mama no es una enfermedad sino una familia de enfermedades que se originan en la misma glándula, pero no en las mismas células ni por los mismos mecanismos. Cada vez es más claro que los subtipos de cánceres de mama se comportan diferentes y tienen pronósticos y respuestas a tratamientos distintos.
Uno de los grandes avances en el cáncer de mama es la descripción de los perfiles moleculares. Esto permite el desarrollo de moléculas que están destinadas a modificar algunos procesos muy críticos dentro de los mecanismos celulares.
Muchos grupos de investigación en el país trabajan para desarrollar marcadores (genéticos) que permitan predecir cómo se comportarán determinados cánceres en cada paciente. Estas investigaciones pueden servir para predecir qué tratamientos van a ser más útiles en cada tipo de tumor, ya sea con tratamientos tradicionales como puede ser la hormonoterapia, la quimioterapia, la radioterapia, o con tratamientos más modernos como los anticuerpos monoclonales.
Formas diagnósticas.
Básicamente hay dos formas de detectar el cáncer de mama:
Cuando el cáncer provoca síntomas, a través de un nódulo palpable o de alguna alteración en las características de la mama. En un estado avanzado de la enfermedad se pueden observar síntomas como retracción del pezón, retracción o cambios en el color de la piel, prurito o lesiones descamativas en el pezón.
En su fase asintomática, cuando todavía la lesión no es palpable, o es mínimamente palpable, y eso se hace a través de una mamografía.
Hay otros métodos diagnósticos por imágenes, como la ecografía, que se usa en forma complementaria a la mamografía. Y también hay un método más sofisticado, que es la resonancia nuclear magnética, que se emplea en mujeres con mucha carga familiar en las que hay detectadas mutaciones genéticas o se presupone que puede haber mutaciones genéticas, y también se utiliza en algunas mujeres con mamas extremadamente densas o que tengan prótesis mamarias.
Fuente: Instituto Nacional del Cáncer